Bitácora de la Reforma - 06.08.2007
Un lunes complicado.
Lo que iba a ser la primera reunión de la asamblea que modificaría los estatutos de la Universidad de Buenos Aires terminó sin quórum y tuvo que suspenderse. En el medio, el público se mezcló con los asambleístas, hubo gritos, agresiones y fue imposible avanzar en el tratamiento de proyectos. En menos de un mes, un nuevo intento.

Por Armando Doria
El lunes 6 se reunió en el Colegio Nacional de Buenos Aires la Asamblea Universitaria con el cometido de reformar los estatutos de la UBA. Desde el mes de abril, cuatro comisiones integradas por profesores, graduados y estudiantes venían trabajando en las propuestas de cambio y había llegado la hora de discutir cada una para, finalmente, aprobar un nuevo estatuto. Pero nada de esto ocurrió.
La asamblea estaba llamada a las 9.00 y desde temprano el público comenzó a ocupar el Aula Magna del venerado colegio. Llegaron los estudiantes que responden a la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) y también los estudiantes “K”, fieles al Gobierno Nacional. Estaba recién comenzada la mañana de un lunes que sería agotador: haciendo una evaluación de la jornada que todavía falta relatar, varios de los periodistas especializados que la vivieron confesaron que, al final del día, lo único que se les antojaba era mirar una película de acción mientras cenaban en la cama.
De a poco fueron llegando los asambleístas al Aula Magna; ocuparon sus lugares y a las 10.40, con 204 acreditados, comenzó la sesión. Después de constituida la asamblea, seguía pasar al orden del día: primero, se ratificarían las resoluciones como formalidad para legitimar la instancia; después se iniciaría el tratamiento de los proyectos elaborados por las comisiones.
Todo comenzó de una manera esperable, con las barras gritando, cantando y mostrando banderas con consignas. Y pronto se sumó la presencia de los bombos del personal del Hospital de Clínicas, que acababa de incorporarse al Aula Magna, con lo que el clima se complicó. Las barras dejaron sus lugares y comenzaron a mezclarse con los asambleístas. Los consejeros de la FUBA propusieron que se modificara el orden del día y se trataran las propuestas que traían: determinar un nuevo estatuto pero a través de un plebiscito vinculante en lugar de hacerlo por medio de la asamblea, declarar la emergencia presupuestaria de la UBA, pedir más presupuesto, realizar un paro universitario de 48 horas, que se le adjudiquen salarios en forma inmediata a los docentes ad honórem y mayor presupuesto para el Hospital de Clínicas. La votación de las propuestas se dio en tal caos que se hizo necesario recurrir al voto nominal porque el método de mano alzada no servía: levantaban la mano, además de los asambleístas, el público que se había entremezclado. Esto generó que se demorara una media hora por votación. Cuando hablaban los asambleístas, sonaban rechiflas e insultos. El ruido hacía imposible oír al vecino y, por lo tanto, también era imposible debatir.
Santiago Gima, del Partido Obrero, le habló a los asambleístas diciendo: “esta asamblea surgió de una truchada, es reaccionaria y está copada por camarillas”. Y más tarde su compañero Juan Pablo Rodríguez amenazó, sentado sobre el estrado que presidía Hallú y moviendo el dedo índice: “O se tratan los temas, o el movimiento estudiantil y docente se los va a llevar puestos a todos”. Parecía, desde un primer momento, que los estudiantes le marcaban el tiempo a la asamblea.
Después de la no aprobación de los puntos de la FUBA, se pasó a aprobar, lentamente, las resoluciones formales de la Asamblea. Mientras se votaba, convocando el voto nombre por nombre, el rector Rubén Hallú se retiró (al baño, según sus palabras) y volvió a los pocos minutos con la noticia de que había sido golpeado por personal del Clínicas. Poco después, el ex rector, Aníbal Franco, propuso un cuarto intermedio.
A la vuelta, que fue a las 15.30, el clima parecía más calmo y propicio para la discusión. Se reanudó la Asamblea y saltó otra sorpresa. El rector anunció que había 16 oradores inscriptos en una lista cuya apertura en ningún momento se hizo pública. Los 16 eran estudiantes. Y, estaba claro, todos harían uso preciso de los 10 minutos de que, por reglamente, disponían para hablar. También estaba claro que todos se dedicarían a patalear contra la Asamblea y los asambleístas acusándolos de corruptos, camarilleros, farsantes y privatistas. Así sucedió. Y en las exposiciones también apareció la propuesta de la FUBA de que la Universidad se declare en emergencia presupuestaria. A esta se le contrapuso otra, presentada por los estudiantes del Movimiento Nacional Reformista, donde se contemplaban las necesidades presupuestarias de la UBA pero sin contraponer a la institución con el Gobierno Nacional.
Como los discursos redundaban, el decano de Farmacia y Bioquímica, Alberto Boveris, presentó la moción de votar los proyectos, lo que garantizaba que la situación se destrabaría, pudiendo así comenzarse con el tratamiento de los proyectos de reforma.
Pero justo cuando todo parecía indicar que el manejo de la situación pasaba por la exclusiva voluntad de la FUBA, llegó otra sorpresa. Al disponerse la votación mocionada por Boveris, el conteo reveló que en el aula quedaban 81 asambleístas. Y el quórum está fijado en 119. Quienes habían dejado el recinto eran consejeros de la mayoría, alineados con el rector Hallú. La Asamblea no pudo continuar.
Lo que se dijo
De acuerdo con lo que pudo leerse y escucharse en los medios, hubo más declaraciones y análisis posteriores a la asamblea que durante la misma. Uno de los más mediáticos fue el secretario General de la UBA, Carlos Mas Vélez, quien declaró que “la FUBA no actuó con responsabilidad. Y con su actitud dilató la votación de los proyectos y despachos para reformar el estatuto”. Todo un experimentado en el manejo de reuniones de consejo y asambleas, el ex shuberofista Mas Velez indicó que el error que se cometió fue darle “el gusto de hablar” a los estudiantes. Y también disparó para el bloque que forman los decanos de Exactas, Arquitectura, Filosofía y Letras y Sociales: “Tienen doble discurso. En público no mantienen las mismas convicciones que sostienen en privado”.
Por su parte, los dirigentes de la FUBA mantuvieron la línea de sus posturas, y también el tono, que ya es todo un sello de la gestión estudiantil: “Esta camarilla repodrida no puede seguir gobernando la UBA. No está a la altura del proceso que se está viviendo. No querían votar nada”, declaró Rodríguez.
“En principio no había ánimo de reforma”, increpó Jorge Aliaga analizando la actitud de los alineados con Hallú que se retiraron del Aula Magna. Aunque también indicó que la actitud le resultó “sorpresiva” porque muchos integrantes del bloque “habían trabajado en forma activa en las comisiones”. “Y la estrategia de la FUBA no ayudó a quebrar la actitud del bloque mayoritario”, completó.
Jaime Sorín, decano de Arquitectura, en sintonía con el análisis de Aliaga, consideró que hay algunos sectores “que no quieren que se modifique el estatuto. No quieren poner a la Universidad en otro camino, no pretenden cambiarlo porque no quieren que cambie nada”.
El rector Hallú también hizo sus comentarios. En una entrevista con el diario Clarín, declaró que “aquí los únicos que no quieren la reforma son los militantes de la FUBA porque el sistema actual de elección les garantiza estar donde están. A ellos no les interesan ni la UBA ni los estudiantes. Son el PO, el MST y el PCR que utilizan a la Universidad para hacer política partidaria”. Y anticipó que, para evitar que se repita la situación, “debemos reforzar el aislamiento entre asambleístas y público. La separación deberá ser infranqueable”.
“La UBA quedó herida y la FUBA es corresponsable del fracaso de la asamblea junto con los que la dejaron sin quórum”, indicó públicamente Federico Schuster, decano de Sociales. Pero aunque fueron muchas las voces que indicaron que lo ocurrido el lunes redundó en un total fracaso político, Schuster se mostró optimista. “A pesar de la decepción cuando uno mira por arriba, lo que encontramos es que los fantasmas de que la asamblea no pudiera hacerse se superaron. Aunque debe haber más condiciones de respeto mutuo”, declaró. También dijo que “hay sectores que prefieren que no haya reforma, pero hay gran cantidad de asambleístas que sí lo quieren auténticamente” y que su espacio trabajará “para lograr ciertas reglas para la próxima sesión”.
Todo indica que la asamblea continuará el 4 de septiembre, de acuerdo con la decisión que tome el Consejo Superior el próximo miércoles. Aunque el “continuará” es engañoso, porque al suspenderse por falta de quórum y no por llamado a un cuarto intermedio, todo debe comenzar de cero.
El documento de “los cuatro decanos”
Los decanos de Exactas, Sociales, Arquitectura y Filosofía y Letras, que desde hace más de un año conforman un espacio alternativo a la mayoría del Consejo Superior, lanzaron un documento días después de la Asamblea. A continuación, algunos de sus puntos principales.
- “Hubo agresiones, hubo insultos, hubo mentiras, hubo forcejeos, hubo silbidos y hubo golpes. Podríamos detenernos en estos acontecimientos durante mucho tiempo, darles vuelta una y otra vez y poner la lupa en los desagradables momentos que tuvimos que vivir a lo largo de esa jornada, pero nosotros consideramos que lo importante, lo fundamental, es poner el acento en lo que no hubo: debate, discusión, planteo de posiciones y búsqueda de consensos. La táctica le ganó a la política”.
- “Desde hace tiempo venimos escuchando a quienes se llenan la boca con palabras grandilocuentes y un énfasis envidiable sobre la imperiosa necesidad de que la Universidad de Buenos Aires reforme su Carta Magna. Desde hace algún tiempo también, venimos observando cómo otros hacen los gestos formales para indicar que consideran necesario y oportuno que la Universidad más grande del país modifique sus estatutos. Sin embargo, las palabras y los gestos no sirven de absolutamente nada cuando se dan de patadas con el accionar político. El lunes hubo quienes vociferaron discursos vacíos y hubo otros que literalmente vaciaron el recinto”.
- “Nuestros asambleístas participaron de todos y cada uno de los encuentros de las comisiones para la reforma del estatuto que organizó el Rectorado de la Universidad. Por eso, si decimos que queremos debatir es porque detrás de quienes participamos de este espacio como representantes de estas cuatro Facultades están las ideas de nuestras comunidades académicas. Y todo este trabajo realizado está a la vista de quienes quieran verlo. Ha quedado plasmado en la decena de proyectos que hemos elaborado, discutido, consensuado, analizado y presentado ante la Asamblea Universitaria.
- “Estamos convencidos de que muchos otros asambleístas creen que el debate es posible y que sólo de él saldrá la Universidad que nos debemos y que le debemos al pueblo que nos sostiene. A ellos queremos convocar. Para que la próxima vez que la Asamblea se reúna nadie tenga que detenerse en los detalles, en los alaridos y en las apariencias. Para que no se vacíen los recintos. Para que no se vacíen los discursos”.
Fuente: El Cable Nro. 657 | FCEN